martes, 23 de junio de 2020

La prisión de la ropa

A propósito de mi sobrina pequeña, me he puesto a analizar mi infancia y la diferencias que existen entre mi crianza y la de mi sobrina, les cuento...

Me crié en una población donde existían cerca de 20 niños de la misma edad (la diferencia mas grande era de 3 años máximo), del cual sólo eramos 2 mujeres.

Debido a lo anterior tuve una niñez bastante libre, tapada en sudor, mugre y moretones de tanto jugar y "pelusear" como le decía mi mamá cada vez que llegaba accidentada, o nos pillaba encaramados sobre un árbol o metidos en un hoyo...

Mi niñez estuvo marcada por buzos deportivos y zapatillas (Para le desgracia de mis padres), ya que carecía de sentido ponerme vestido o ropas rosas para que me revolcara en la tierra.

Mi sobrina por otro lado, su mama (mi hermana) gusta de verla hermosa, siendo justos creo a todos nos gusta verla de colores vivos, ropa brillante y bella, continuamente la viste con ropa que no podría considerarse "apta para el juego" y debido a lo anterior cuando mi sobrina en su inocencia juega como un mono (porque los niños mas felices juegan y se ensucian como monos) suele escuchar reclamos de los adultos preocupados por la integridad de esa ropa que la hace ver hermosa.

Por otro lado, sus primos varios (por su linea paterna, ya que en mi familia es la única nieta) todos hombres y vestidos para la batalla, tienden a excluirla de los juegos porque les significa tener un montón de adultos censurando sus juegos para que mi sobrina no rompa o ensucie su ropa.

Lo que me lleva a la duda ¿Por qué estamos dispuesto a hacerle esto a nuestras niñas? Por qué desde pequeñas les enseñamos que las limitaciones físicas son parte de la vida como mujer? que la incomodidad debe ser la regla general?

Por más que trato de explicarme a mi misma las razones de ésto, no lo comprendo.

Ella quiere subirse al árbol, pero le decimos que se le verá la ropa interior, que se va a ensuciar, que puede herirse de gravedad.

Pero... Los niños, sus primos, están protegidos con pantalón de buzo grueso, polerón y zapatillas colgándose de las ramas mientras ella mira desde el suelo protegida por los adultos.

Podría decir que mi crianza me eximió de dichas censuras... pero no fue así. Ya que a medida que fui creciendo y "haciéndome mujer" comencé yo misma, me imagino por alguna especie de presión social, a dejar de lado la comodidad de mi ropa de niñez y optar "voluntariamente" por la ropa incomoda de mujer inútil, frágil y vulnerable físicamente.

¿Por qué me hice esto a mi misma? Debo admitir que mi elección profesional no ayudó tampoco, porque al parecer para ser abogado no debes ser capaz de nada mas que verte y hablar bien.

Pero más importante ¿Por qué consentimos hacerle esto a nuestras niñas sabiendo que nuestra debilidad física ha ayudado a que seamos vulnerables a ataques y nos imposibilita cualquier tipo de huida si un ataque nos pilla con tacos, cartera y falda tubo?

Nos vestimos como si viviéramos en un mundo seguro para nosotras, y en nuestra negación del peligro, nos sobre exponemos y criamos niñas que serán incluso mas vulnerables por la forma en que nos les permitimos a sus cuerpos reaccionar.

Como puedo revertir esta situación sin ofender las sensibilidades de mis compañeras madres, que comprendo no lo hacen por maldad sino que... No conocemos nada más.

Se nos enseño desde pequeñas a que la incomodidad es parte de ser mujer.... Que se espera que sobrellevemos el dolor, la incomodidad con una gracia propia de las coloridas aves, pero que nos aliena de nuestro cuerpo, ya que requerimos insensibilizarnos de sus necesidades y concentrarnos en lo que tenemos que hacer.

Cuando estoy con ropa cómoda, generalmente es porque me dí la licencia de sentirme perezosa, ya que la comodidad en mi cabeza es sinónimo de flojera.

Una vez mi pareja me pregunto ¿Por qué te gusta tanto estar acostada? ya que el no soporta mucho tiempo acostado una vez despierto, a lo que le respondí.... Cuando estoy acostada nada me apreta, no tengo que sentarme de alguna manera incomoda, ni meterme en mis zapatos, que si bien tengo algunos cómodos, éstos están medidos con parámetros femeninos de comodidad ya que decir "Estos zapatos taco de aguja de 12 cm de altura son comodísimos" es una mentira que sólo creemos las mujeres, ya que cualquier mal paso te puede llevar a una fractura y de preferencia no harías ninguna fila en el banco con ellos puestos, ni mucho menos caminarías por salud, ya que te significaría llegar a casa odiándolos y correr el riesgo de arruinarlos en el proceso.

Trabajaré en mi concepto de comodidad un poco más... Quizás llegue a alguna modalidad que pueda ser de utilidad a mi sobrina o a otra pequeña niña censurada, para que crezca libre, fuerte, flexible, atrevida y segura de sí misma.

Dejaré para otro día mis reflexiones sobre el veneno que no convencen que debemos aplicarnos en la cara para ocultar el cansancio, la vejez o la enfermedad... Será una reflexión para otro día.