Que significa ser dependiente económicamente?
Para explicar esta reflexión debo transparentar mi situación actual... Comienzo por contar que yo solía ser una funcionaria pública, lo fui durante 5 años, y recibía un sueldo estable y suficiente bajo todas las miradas que se le puedan dar (Dejaremos de lado los típicos meses sin sueldo a la espera de la tramitación anual de mis contratos, debido a que finalmente se me pagaban todos los meses adeudados juntos, lo que si bien resta liquidez en dichos meses, es una certeza que ese dinero llegará).
Lo anterior me permitió vivir sin preocupaciones respecto al pago de las cuentas de sobrevivencia como arriendo, gastos básicos, movilización y alimento, con una razonable capacidad de ahorro.
Durante el año 2019, el servicio donde trabajaba se volvió un lugar muy poco grato para trabajar, no por el equipo humano con el cual desempeñaba mis funciones, sino que por decisiones institucionales que sobrepasan cualquier lógica y el comienzo de tratos indignos por parte de autoridades político-administrativas, como rebajas unilaterales de sueldos y beneficios, tales como el pago de licencias médicas, viáticos de viajes laborales entre otras cosas...
Como la situación me descomponía, decidí no aceptar la renovación de mi contrato en condiciones mas precarias y me retire del servicio con la finalidad de independizarme y no lidiar con ese tipo de injusticias.
Fruto de mi decisión mi último día trabajado fue el 30 de septiembre...
No estaba en mis cálculos que el 18 de octubre comenzarían con mas fuerza las protestas sociales, situación que por supuesto no me molesta, ya que coinciden en parte con las razones de mi retiro del servicio público, pero el trabajo independiente de abogado se volvió irregular porque los servicios públicos comenzaron a funcionar de manera restrictiva.
Logré mantenerme con la cabeza a flote hasta febrero del presente año, con un ingreso mucho menor que el mantenía como funcionaria, pero suficiente para cubrir mis cuentas y vivir.
Desde el mes de marzo, con la declaración de estado de excepción por la pandemia.... Esto se ha convertido en un lento suicidio financiero.
Mis ahorros que tenía contemplados para sobrevivir los meses que me costara instalarme como independiente he logrado sortear con poco éxito mi subsistencia como la conocía.
Como conocía mi subsistencia? Pagando todas mis cuentas y aportando a la casa de mis padres dinero mensualmente para ayudar con los gastos de la vejez, que en su caso se abordan con pensiones muy disminuidas en relación con su época laboral (Hablemos de un 33% de su último sueldo aproximadamente).
Hoy... Mis ahorros ya no existen... Y debido a la Pseudo paralización del poder judicial que sólo abordaba temas urgentes, dilatando los tiempos de espera para audiencia hasta después de junio y un manifiesto atochamiento en causas no urgentes, incluso hasta hace menos de una semana no estaban citando a audiencia sino que resolvían "se tiene como presentado, pero se fijará audiencia en su momento"
A eso se le suma que los servicios públicos no judiciales como Conservadores de Bienes raíces, Direcciones de Obras, municipalidades, notarías poco a poco estan recobrando su operatividad, pero con dificultades como por ejemplo para revisar un registro no digitalizado en un Conservador debe pedirse hora con muchos días de anticipación, situación que antes sólo bastaba con concurrir al Conservador y revisar.
Producto de todas esta dificultades solo he recibido pagos por "Causas nuevas" ya que ninguna causa se termina... todas las audiencias de los juicio interpuestos comienzan recién a llevarse a cabo a partir de junio, por tanto es imposible cobrar la finalización de los trabajos.
Ha sido dramático decirle a mi pareja después de 5 años conviviendo... No tengo mi parte del arriendo, no puedo pagar mi mitad de las compras, la mitad de la comida de nuestros perros, la mitas de nuestros servicios básicos.... Sumado a ésto mi pareja tiene una empresa asociada al rubro automotriz que estuvo impedida de trabajar durante todo marzo y abril por decreto municipal.... y ahora sus proveedores se encuentra dentro de las comunas cuarentenadas de Stgo, por tanto aunque venda.... Llegará pronto el momento donde no tendrá stock y no podrá reponerlo.
Hoy mi pareja mantiene nuestra casa con sus ahorros, ya que los míos se terminaron.
Creo que nunca pensé que llegaría a esta situación, el análisis excede si mi pareja le molesta o no la situación o si lo hace de buena gana... YO ESTOY DESTRUIDA.
El temor de enfermarnos y no tener con que cubrir nuestro tratamiento, caer en situación de cesación de pagos respecto a nuestro arriendo.... y un sin fin de problemas que si bien no tienen directamente relación con la dramática situación que esta viviendo la gente que no tiene recursos para alimentarse, significa que yo dejaré de cumplir con mis compromisos.... No respetaré los acuerdos y no pagaré mis deudas no porque no quiera... Porque no puedo. Lo que es un cambio en el paradigma que he vivido toda mi vida.
Me siento responsable por la decisión que tomé sin todos los antecedentes, pero también tengo claro que estaba siendo infeliz trabajando en un lugar que carecía de atributos básicos para continuar ahí, que es como mínimo respetar las condiciones en que te contratan.
Me iré a dormir con el corazón apretado por mi situación financiera.... Y lloraré por la situación social que aqueja a mi gente y a la de todo el mundo en un sistema que esta hecho para quebrarte y abandonarte como persona de bien.
lunes, 25 de mayo de 2020
viernes, 22 de mayo de 2020
Pacifísta o simplemente indefensa?
Con mi pareja el tema de la desprotección es conversado con regularidad, comprenderán que mi pololo con cerca de 1,90 mt. de altura y 100 kilos de peso (Llorará porque lo dije, pero le gustan los dulces...) versus mis 1,56 mt de altura y 50 kilos, el siempre se preocupa por lo pequeña y frágil que le parezco.
Es cierto modo me gusta verme vulnerable fisicamente.... Y se que a el le gusta aportar su fortaleza física a ésta relación (Ustedes saben... mover objetos pesados, alcanzar cosas altas, destapar frascos, etc...)
Pero dentro de todo el contexto social y la violencia que siento que empieza a calar hondo en mi país comencé a preocuparme por esta indefención que siempre asocie más a pacifismo que a vulnerabilidad... Me explico, nunca he querido ni he intentado tener un arma porque siento que no las necesito y que no tienen cabida en el estilo de vida que pretende llevar.
Lo que no es raro en una persona académica que estudio derecho como una forma de solución de conflictos ajena a la violencia, detesto con fuerza las armas de fuego y no justifico su detención por parte de personas que dicen tener buenas intenciones. Pero eso es harina de otro costal que abordaré en otro momento.
De vuelta a mi indefensión como ser humano... A propósito de un "altercado" que tuve afuera del local de comida de mascotas, donde por un error manifiestamente mío, una señora muy agresiva me "ofreció combos" estando muy llana a otorgármelos sin mi consentimiento, donde me dí cuenta que realmente soy una persona inofensiva o indefensa, ya que fui la última en percatarme que efectivamente me iban a zurrar, y que no simplemente me iban a gritar la vida como esperaba.
En mi cabeza pensé "las cosas están difíciles, la gente esta atemorizada", y por ultimo no me voy a morir porque me griten la vida y me iré de este lugar con sólo mi orgullo mancillado (cuestión que de plano estoy dispuesta a asumir con tal de no enfrascarme en una pelea física).
Una pelea física no se habría dado jamás... Porque soy incapaz de defenderme físicamente... No tengo experiencias de ese tipo, no tengo fuerza y carezco de entrenamiento de combate. Entrené casi toda mi vida en diferentes áreas de la gimnasia y atletismo... Pero no se dar ni recibir un golpe ya que los entrenamientos no versan sobre eso!
Por tanto soy una flacuchenta chica.... Que si bien aún puede hacer la invertida y conserva algo de la musculatura que algún día ostenté.... Hoy estoy en una total indefención física.
Producto de eso y de mi afición por las películas de artes marciales... Decidí comenzar a entrenarme algo en combate, como medida inicial para por lo menos alcanzar a arrancar si el momento lo merita.
Es una inmensa vuelta de carnero a lo que pienso... Pero decidí que no me molesta, porque hoy me doy cuenta que ser pacifista es una decisión que no he tomado porque carezco de la fuerza y el valor para utilizarlo en contra de otras personas, sino que estoy vulnerable y me he arrebato a mi misma cualquier opción o decisión sobre el tema.
Que pereza tomar esta decisión en estas condiciones, porque a pasado un tiempo desde la ultima vez que entrené y estoy perezosa, blanda, cansada.... y por sobretodo deprimida por el estado de las cosas y la sensación de vulnerabilidad en todos los sentidos.
Comenzaré de a poco... Espero aprender a zafarme de un agarre, a bloquear y recibir golpes con la finalidad de poder huir. Si eventualmente aprendo a golpear y desarrollo la fuerza para hacerlo, por fin podré decidir ser una pacifista con todas sus letras.
Por un pacifismo real.... Necesitamos gente fuerte y buena que perita neutralizar a los fuertes y malos, porque de lo contrario sólo estamos vulnerables a la maldad e indefensos ante la injusticia.
Es cierto modo me gusta verme vulnerable fisicamente.... Y se que a el le gusta aportar su fortaleza física a ésta relación (Ustedes saben... mover objetos pesados, alcanzar cosas altas, destapar frascos, etc...)
Pero dentro de todo el contexto social y la violencia que siento que empieza a calar hondo en mi país comencé a preocuparme por esta indefención que siempre asocie más a pacifismo que a vulnerabilidad... Me explico, nunca he querido ni he intentado tener un arma porque siento que no las necesito y que no tienen cabida en el estilo de vida que pretende llevar.
Lo que no es raro en una persona académica que estudio derecho como una forma de solución de conflictos ajena a la violencia, detesto con fuerza las armas de fuego y no justifico su detención por parte de personas que dicen tener buenas intenciones. Pero eso es harina de otro costal que abordaré en otro momento.
De vuelta a mi indefensión como ser humano... A propósito de un "altercado" que tuve afuera del local de comida de mascotas, donde por un error manifiestamente mío, una señora muy agresiva me "ofreció combos" estando muy llana a otorgármelos sin mi consentimiento, donde me dí cuenta que realmente soy una persona inofensiva o indefensa, ya que fui la última en percatarme que efectivamente me iban a zurrar, y que no simplemente me iban a gritar la vida como esperaba.
En mi cabeza pensé "las cosas están difíciles, la gente esta atemorizada", y por ultimo no me voy a morir porque me griten la vida y me iré de este lugar con sólo mi orgullo mancillado (cuestión que de plano estoy dispuesta a asumir con tal de no enfrascarme en una pelea física).
Una pelea física no se habría dado jamás... Porque soy incapaz de defenderme físicamente... No tengo experiencias de ese tipo, no tengo fuerza y carezco de entrenamiento de combate. Entrené casi toda mi vida en diferentes áreas de la gimnasia y atletismo... Pero no se dar ni recibir un golpe ya que los entrenamientos no versan sobre eso!
Por tanto soy una flacuchenta chica.... Que si bien aún puede hacer la invertida y conserva algo de la musculatura que algún día ostenté.... Hoy estoy en una total indefención física.
Producto de eso y de mi afición por las películas de artes marciales... Decidí comenzar a entrenarme algo en combate, como medida inicial para por lo menos alcanzar a arrancar si el momento lo merita.
Es una inmensa vuelta de carnero a lo que pienso... Pero decidí que no me molesta, porque hoy me doy cuenta que ser pacifista es una decisión que no he tomado porque carezco de la fuerza y el valor para utilizarlo en contra de otras personas, sino que estoy vulnerable y me he arrebato a mi misma cualquier opción o decisión sobre el tema.
Que pereza tomar esta decisión en estas condiciones, porque a pasado un tiempo desde la ultima vez que entrené y estoy perezosa, blanda, cansada.... y por sobretodo deprimida por el estado de las cosas y la sensación de vulnerabilidad en todos los sentidos.
Comenzaré de a poco... Espero aprender a zafarme de un agarre, a bloquear y recibir golpes con la finalidad de poder huir. Si eventualmente aprendo a golpear y desarrollo la fuerza para hacerlo, por fin podré decidir ser una pacifista con todas sus letras.
Por un pacifismo real.... Necesitamos gente fuerte y buena que perita neutralizar a los fuertes y malos, porque de lo contrario sólo estamos vulnerables a la maldad e indefensos ante la injusticia.
lunes, 18 de mayo de 2020
Esclavitud de pensamiento
En plena pandemia que azota mi país y el mundo, encontré la claridad mental para retomar mi blog... Curioso decirlo a estas alturas, debido a que el estallido social y posterior pandemia me dejo varios meses en una discapacidad mental de la que me costó sobreponerme, simplemente porque pensar en lo que ocurría me producía inmensas ganas de llorar y de quedarme escondida el mundo.
Antes de todo esto, yo era una trabajadora a tiempo completo en el servicio público, situación que me llenaba de orgullo, felicidad y enormes frustraciones, pero lo disfrutaba y se me pagaba buen dinero por ello por casi 5 años.
En el encierro de mi casa, y mi dificultosa inserción a la vida "independiente" como profesional, me diagnostiqué después de varios años, una perdida de la libertad de pensamiento.
Esta libertad de pensamiento hoy lo racionalizo como que las horas en las que trabajaba para el estado no sólo disponían de mi cuerpo físico (atendido a que pasaba promedio de 8 a 12 horas en la oficina dispuesta a realizar cualquier tarea que se me encomendara) sino que también la entera disposición de mis pensamientos...
Pensamientos, estos que todo el día e incluso algunas noches, eran dedicados exclusivamente a mi trabajo, a los problemas de mi servicio, a resolver las frustraciones que surgían para sacar adelante una política pública que, de todo corazón, me convencía como una forma de justicia social que podía ejercer desde mi humilde asiento y pensamiento.
Con el pasar de los días en mi casa, por la pandemia y el teletrabajo, descubrí que mis pensamientos retornaban a convertirse en algo propio, de lo que puedo disponer en todo momento. Que ya no era necesario utilizar a toda prisa mi hora de almuerzo para pagar cuentas, resolver temas domésticos, o simplemente planificar económicamente mis ingresos; tareas que eran ejercidas anteriormente "a la carrera" o de manera negligente de mi parte.
Creo que siempre pensé que el trabajo era algo que se ejercía desde lo físico, como estar físicamente en el trabajo y realizar las tareas como lo haría un maestro constructor, pero que no constituía una entrega desde mi ser profundo, situación que hoy me doy cuenta que durante mis 5 años a servicio del país no sólo entregué mis horas por contrato (sé que le quita profundidad a mi texto el hablar de horarios pactados y no respetados por mi empleador porque mi análisis va más allá del tiempo que le dedicaba a estar en la oficina) sino que entregué una parte profunda de mis pensamientos de manera sistemática y seria, donde mis propios problemas caían en una categoría residual que sólo era atendible en la medida en que mi trabajo y mi cuerpo me lo permitían.
Lo anterior, hoy entiendo, que me alienó totalmente de mi cuerpo... nisiquiera las necesidades básicas biológicas (Comer, dormir, ir al baño) tenían su propio momento, sino que se acomodaban a la necesidad de mi mente de responder a mis propias expectativas de mi trabajo.
Esta esclavitud de pensamiento me ha pegado fuerte... Nunca esperé sacrificar tanto por el sustento, y sentí una gran envidia por aquellos trabajadores que producen cosas con sus manos pero mantienen sus pensamientos libres del yugo de esta esclavitud.
En virtud de la paralización de los servicios públicos, y mi situación profesional de abogada, el trabajo decreció considerablemente y decidí comenzar a ayudar a mi pareja en lo que podía, él es un hombre que trabaja con sus manos en un rubro asociado a la mecánica automotriz, y sentí una libertad increíble en sentir nuevamente el sol diariamente en mi cara, el aire fresco y el contacto con personas en momentos de trabajo pero que se distienden conversando otras cosas mientras la labor se ejecuta.
Que envidia... Esta envidia me llevó a hacer un análisis crítico de mi carrera y de los pilares sobre la cual se sostiene.
Estudiar derecho y ejercerlo requieren necesariamente tener algún tipo de fe en el sistema donde se ejerce, ya que de lo contrario se vuelve un pozo de desolación donde tu percepción del estado se convierte en algo potencialmente peligroso para todos.
Me explico.... Estudias el sistema y navegas en él todos los días para poder trabajar, como parte de tu vida, como una forma de ver el país donde vives y el mundo, y con todo el sesgo político que viene desde el ser y la emocionalidad individual, lo interpretas y lo valores de manera moral, ética y vivencial.
Miras el impacto que tiene en la gente las decisiones que se toman a nivel nacional, ves a la gente tratar de surcar los mares álgidos de la burocracia nacional para tratar de proteger su familia, bienes y forma de vida.
Ves la miseria emocional y la contrastas con la miseria de la pobreza y desprotección de la gente, y te toca darle casi a diario malas noticias, debido a que el sistema no esta hecho para proteger a la gente, sino que ésta construído en base a las solicitudes de personas que están mas protegidos que todo el resto de nosotros para reforzar su poder sobre los bienes y el trabajo de la gente.
Mi socio de oficina (independientes ahora) es mas moderado en su pensamiento, sobre todo cuando yo le explico que "utilidades" no importa como trates de describirlo significa sacarle valor al trabajo ajeno y apropiártelo, probablemente soy tildada de comunista, roja, zurda, o cualquier otro peyorativo que se utiliza para denostar a quien cuestiona que un país produzca una cantidad de bienes y servicios con el trabajo de toda la población, pero que sólo algunos tengan acceso a ellos.
Me desvié (típico de mi).... Esclavitud de pensamiento, desde mi confortable ubicación como funcionaria publica todos mis pensamientos iban dirigidos a lograr con éxito el trabajo que en mi cabeza debe beneficiar a toda la población, pero a la vez me aleja de la población a la cual estoy dirigiendo los esfuerzos, porque me consume, no me permite pensar, criticar el fondo de las situaciones, me ahoga, me adoctrina en que la forma de solucionar es profundizar en burocracia estatal con la finalidad de "determinar necesidades" y "encontrar formas de satisfacerlas", esto siempre considerando que existen "aprovechados" que trataran de violentar el sistema ya sea desde la avaricia o desde la extrema necesidad que nubla la percepción del otro.
Esa percepción del otro que me estaba siendo negada, en gran parte por mi misma y por el estilo de vida que estaba llevando que no era concordante con quien realmente soy, que invalidaba mi pensamiento crítico de las situaciones reales para traducirlos a problemas "administrativos". Por poner un ejemplo, revisar los requisitos que cumple una persona para optar a un subsidio habitacional del gobierno, pero ignorando de manera burocrática de que la necesidad es real, existe hacinamiento, pobreza, violencia, pero al final del día te lleva a desconocer la realidad y transformarla en un mero trámite administrativo.
Desconocer la realidad.... Lo administrativo a excedido la realidad de justicia social. Lo que nos lleva a aceptar una respuesta que es "moralmente y éticamente negativa... pero legal", o sea todos sabemos que la respuesta es mala, injusta, inmoral, estúpida, irrelevante, contradictoria o inútil, pero legal y por tanto lo permitimos.
Y me voy a dormir con una falsa sensación de estar haciendo lo correcto pero no duermo porque se que no lo tolero y siento la pequeñez de mi intervención en el mundo y la fiereza de este sistema que me ata, me constriñe a trabajar utilizando las pocas herramientas que otorga y a mirar impávida la injusticia.
Antes de todo esto, yo era una trabajadora a tiempo completo en el servicio público, situación que me llenaba de orgullo, felicidad y enormes frustraciones, pero lo disfrutaba y se me pagaba buen dinero por ello por casi 5 años.
En el encierro de mi casa, y mi dificultosa inserción a la vida "independiente" como profesional, me diagnostiqué después de varios años, una perdida de la libertad de pensamiento.
Esta libertad de pensamiento hoy lo racionalizo como que las horas en las que trabajaba para el estado no sólo disponían de mi cuerpo físico (atendido a que pasaba promedio de 8 a 12 horas en la oficina dispuesta a realizar cualquier tarea que se me encomendara) sino que también la entera disposición de mis pensamientos...
Pensamientos, estos que todo el día e incluso algunas noches, eran dedicados exclusivamente a mi trabajo, a los problemas de mi servicio, a resolver las frustraciones que surgían para sacar adelante una política pública que, de todo corazón, me convencía como una forma de justicia social que podía ejercer desde mi humilde asiento y pensamiento.
Con el pasar de los días en mi casa, por la pandemia y el teletrabajo, descubrí que mis pensamientos retornaban a convertirse en algo propio, de lo que puedo disponer en todo momento. Que ya no era necesario utilizar a toda prisa mi hora de almuerzo para pagar cuentas, resolver temas domésticos, o simplemente planificar económicamente mis ingresos; tareas que eran ejercidas anteriormente "a la carrera" o de manera negligente de mi parte.
Creo que siempre pensé que el trabajo era algo que se ejercía desde lo físico, como estar físicamente en el trabajo y realizar las tareas como lo haría un maestro constructor, pero que no constituía una entrega desde mi ser profundo, situación que hoy me doy cuenta que durante mis 5 años a servicio del país no sólo entregué mis horas por contrato (sé que le quita profundidad a mi texto el hablar de horarios pactados y no respetados por mi empleador porque mi análisis va más allá del tiempo que le dedicaba a estar en la oficina) sino que entregué una parte profunda de mis pensamientos de manera sistemática y seria, donde mis propios problemas caían en una categoría residual que sólo era atendible en la medida en que mi trabajo y mi cuerpo me lo permitían.
Lo anterior, hoy entiendo, que me alienó totalmente de mi cuerpo... nisiquiera las necesidades básicas biológicas (Comer, dormir, ir al baño) tenían su propio momento, sino que se acomodaban a la necesidad de mi mente de responder a mis propias expectativas de mi trabajo.
Esta esclavitud de pensamiento me ha pegado fuerte... Nunca esperé sacrificar tanto por el sustento, y sentí una gran envidia por aquellos trabajadores que producen cosas con sus manos pero mantienen sus pensamientos libres del yugo de esta esclavitud.
En virtud de la paralización de los servicios públicos, y mi situación profesional de abogada, el trabajo decreció considerablemente y decidí comenzar a ayudar a mi pareja en lo que podía, él es un hombre que trabaja con sus manos en un rubro asociado a la mecánica automotriz, y sentí una libertad increíble en sentir nuevamente el sol diariamente en mi cara, el aire fresco y el contacto con personas en momentos de trabajo pero que se distienden conversando otras cosas mientras la labor se ejecuta.
Que envidia... Esta envidia me llevó a hacer un análisis crítico de mi carrera y de los pilares sobre la cual se sostiene.
Estudiar derecho y ejercerlo requieren necesariamente tener algún tipo de fe en el sistema donde se ejerce, ya que de lo contrario se vuelve un pozo de desolación donde tu percepción del estado se convierte en algo potencialmente peligroso para todos.
Me explico.... Estudias el sistema y navegas en él todos los días para poder trabajar, como parte de tu vida, como una forma de ver el país donde vives y el mundo, y con todo el sesgo político que viene desde el ser y la emocionalidad individual, lo interpretas y lo valores de manera moral, ética y vivencial.
Miras el impacto que tiene en la gente las decisiones que se toman a nivel nacional, ves a la gente tratar de surcar los mares álgidos de la burocracia nacional para tratar de proteger su familia, bienes y forma de vida.
Ves la miseria emocional y la contrastas con la miseria de la pobreza y desprotección de la gente, y te toca darle casi a diario malas noticias, debido a que el sistema no esta hecho para proteger a la gente, sino que ésta construído en base a las solicitudes de personas que están mas protegidos que todo el resto de nosotros para reforzar su poder sobre los bienes y el trabajo de la gente.
Mi socio de oficina (independientes ahora) es mas moderado en su pensamiento, sobre todo cuando yo le explico que "utilidades" no importa como trates de describirlo significa sacarle valor al trabajo ajeno y apropiártelo, probablemente soy tildada de comunista, roja, zurda, o cualquier otro peyorativo que se utiliza para denostar a quien cuestiona que un país produzca una cantidad de bienes y servicios con el trabajo de toda la población, pero que sólo algunos tengan acceso a ellos.
Me desvié (típico de mi).... Esclavitud de pensamiento, desde mi confortable ubicación como funcionaria publica todos mis pensamientos iban dirigidos a lograr con éxito el trabajo que en mi cabeza debe beneficiar a toda la población, pero a la vez me aleja de la población a la cual estoy dirigiendo los esfuerzos, porque me consume, no me permite pensar, criticar el fondo de las situaciones, me ahoga, me adoctrina en que la forma de solucionar es profundizar en burocracia estatal con la finalidad de "determinar necesidades" y "encontrar formas de satisfacerlas", esto siempre considerando que existen "aprovechados" que trataran de violentar el sistema ya sea desde la avaricia o desde la extrema necesidad que nubla la percepción del otro.
Esa percepción del otro que me estaba siendo negada, en gran parte por mi misma y por el estilo de vida que estaba llevando que no era concordante con quien realmente soy, que invalidaba mi pensamiento crítico de las situaciones reales para traducirlos a problemas "administrativos". Por poner un ejemplo, revisar los requisitos que cumple una persona para optar a un subsidio habitacional del gobierno, pero ignorando de manera burocrática de que la necesidad es real, existe hacinamiento, pobreza, violencia, pero al final del día te lleva a desconocer la realidad y transformarla en un mero trámite administrativo.
Desconocer la realidad.... Lo administrativo a excedido la realidad de justicia social. Lo que nos lleva a aceptar una respuesta que es "moralmente y éticamente negativa... pero legal", o sea todos sabemos que la respuesta es mala, injusta, inmoral, estúpida, irrelevante, contradictoria o inútil, pero legal y por tanto lo permitimos.
Y me voy a dormir con una falsa sensación de estar haciendo lo correcto pero no duermo porque se que no lo tolero y siento la pequeñez de mi intervención en el mundo y la fiereza de este sistema que me ata, me constriñe a trabajar utilizando las pocas herramientas que otorga y a mirar impávida la injusticia.
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