Crecí escuchando las historias de supervivencia y superación de mi padre, quien nació en una pobreza que fue profundizándose a medida que fue creciendo, hasta que cambió su propia historia ya de adulto...
Mi padre nació en una parte rural cerca de Talca, siendo el penúltimo hijo de mi abuela que tuvo en total 18 partos en el campo, mi papa cuenta que muchos de sus hermanos fallecieron a temprana edad, o derechamente en el parto, dice con nostalgia que muchos niños morían en el campo a propósito de diarreas o fiebres no tratadas.
Mi abuela, analfabeta total, quedo viuda cuando mi papa tenía 10 años, quedando sola a cargo de sus hijos, y también acogía a hijos de familiares que vivían en zonas aún mas rurales para que pudieran asistir a la escuela, era conocida como la Mami Chela por muchos niños abandonados quienes encontraron en casa de mi abuela un lugar seguro para estar.
Eran demasiadas bocas para alimentar, en la literalidad de las palabras, en una casa de dos piezas donde se apilaban niños y adolescentes para guarecerse del frío en el invierno.
Mi papa cuenta que muchos de ellos trabajaban en las chacras o haciendas vecinas, donde se les pagaba en verduras en la tétrica modalidad de "Tu paga es todo lo que puedas cargar de vuelta a tu casa", por tanto la niñez de mi papi estuvo marcada por largas jornadas en el campo, y largas caminatas con bolsas con verduras de las chacras para poder preparar comida en casa.
Para entender como mi abuela terminó en esta situación, les explico que ella proviene de una familia del campo, trabajadora de grandes haciendas de Talca, de aquella época, y mi bis abuelo tenía aun compadre solterón quien a los 40 y tantos años aún no "conseguía esposa", por tanto mi bis abuelo no encontró nada mejor que arreglar el matrimonio de mi abuela, analfabeta total, quien tenía 16 años en ese entonces, con su compadre.
Si bien el compadre no fue un pésimo marido para mi abuela (bajo los estándares de la época), le excedía en muchos años y al parecer nunca se imaginó que moriría antes dejándola en la mas absoluta pobreza, pero así ocurrió.
Cuenta mi papi que cuando tenía 8 años un profesor del colegio consideró que el "era buen alumno" y vio potencial en él, y decidió apradrinarlo para que diera los exámenes para asistir a la Normal de Curicó, donde podría internarse para educarse.
El profesor le ayudo a estudiar, lo postuló a la Normal, y cuando aprobó todos los exámenes y lo aceptaron como alumno, le compró el colchón para su litera en el internado y lo fue a dejar con sus cosas para que se instalara.
Mi padre cuenta con una calma asombrosa que no podía creer que en el internado le daban 3 comidas diarias, que si bien eran un poco precarias, eran mucho más que lo que había tenido en la vida.
Cuenta con un poco vergüenza que estudiaba, estudiaba mucho, estudiaba demasiado... Porque su mayor miedo era reprobar y que lo expulsaran, porque eso significaba volver a casa de mi abuela a pasar hambre.
Esa eterna hambre que lo hacía soñar con comerse una bolsa de pan entera, porque esos eran los sueños de mi papa cuando niño.... Comer hasta que no pudiera más, porque en sus recuerdos el acostarse con hambre, levantarse con hambre, trabajar con hambre, sobrevivir con hambre, era la pesadilla en vida.
Mi papi, tiene secuelas físicas de desnutrición infantil, sus piernas lo delatan. A pesar de que mi abuelo era un hombre que media por sobre el 1,80 mts, mi papa sólo alcanzó el 1,65 y los médicos dicen que ambos femur de las piernas de mi padre no se desarrollaron en su totalidad debido a la precaria alimentación y por tanto no pudo crecer en hasta la altura que correspondía.
Hoy si tu miras sus piernas, el largo de sus muslos no es coincidente con el resto de su cuerpo.
Mi papa, si bien nunca fue Allendista, dice "Cuando Allende proclamó el litro de leche diaria por niño" lloró... Lloró por los niños que al igual que él, un litro de leche significaba la certeza de tener algo para alimentarse todos los días.
Mi papa se tituló de profesor, y eventualmente en su vida se convirtió en director de establecimientos públicos, y es un enamorado de la educación pública en general. Siempre peleó por las raciones de alimentación de sus alumnos, porque el tiene un tema con el hambre, sufre aún por ese pequeño niño con hambre que vive dentro de él. El dice que la alimentación infantil debería estar garantizada por el estado, porque los niños no tienen la culpa de las decisiones de los adultos, y generar espacios seguros y cubrir sus necesidades básicas debería ser prioridad para el estado.
Estas son historias en mi vida, que si bien son cercanas, no son parte de mis vivencias. Lo escucho siempre (esta en una edad donde me cuenta muchas veces las mismas historias), a veces lloro a pesar de que no es primera vez que lo escucho hablar de esto, porque me dan ganas de retroceder el tiempo y sacarlo de esa pobreza extrema, injusta e inhumana.
Actualmente se habla de hambre a propósito de la pandemia, pero nosotros los privilegiados nunca la hemos experimentado. Nunca he tenido miedo de no saber si mañana habrá almuerzo en mi casa, nunca he sabido lo que no es tener dinero para comprar pan, nunca me he acostado con hambre y soñado con comida.
Pero no podemos ser indolentes frente a una realidad que aún existe. Hay gente que no tiene nada para echarle a la olla en la casa, y peor aún viven la ciudad donde no hay reales posibilidades de plantar alimento o criar animales para cubrir necesidades básicas.
Me da un poco de pena cuando hablan de huertos urbanos o gente que planta cilantro en el balcón, porque eso no esta destinado a cubrir la necesidad de alimentación de una familia... Pero mi abuela tuvo 18 hijos y muchos otros niños que vivían en su casa y ella plantaba de todo lo que era posible cultivar, hacía aceitunas para vender o cambiar, atendía partos de humanos y animales y lo daba todo de sí en los pocos conocimientos que pudo adquirir a lo largo de los años.
El funeral de mi abuela fue toda una revelación para mí.... Decenas de hombres adultos, no emparentados a mi papa, pasearon su ataúd por todo Talca en una procesión como de 200 personas mientras lloraban por la partida de la "Mamita Chela", quien al parecer dio cobijo a mucho niños abandonados del sector.
Esa es la pobreza de la que hablábamos cuando se pidió una renta básica universal para que la gente empobrecida pudiera enfrentar el hambre que vino aparejado del gran temor a enfermarse en plena pandemia.
Estamos hablando de la pobreza que hacía que mi abuela pariera 2 o 3 hijos para recién incurrir en el gasto de ir al registro civil que estaba en la ciudad, para inscribirlos todos juntos. Mi papa tuvo hermanos que no saben realmente la edad que tenían, porque como mi abuela no sabía ni leer ni escribir y los escribió "por lote", nunca se supo su fecha de nacimiento real.
Este Chile aún existe, lejos de Santiago, lejos de las ciudad turísticas, lejos de poder sacar un avance en cuotas en una multitienda...
Hoy hay niños, que al igual que mi papa cuando era niño, no saben cuando será su próxima comida y el hambre les muerde el alma, pero somos indolentes a ello porque nuestras comodidades atenúan en nuestra mente la gravedad de la situación, romantizando por un lado las ollas comunes, y por otro lado nuestro egoísmo cree que es posible salir de ese universo de miseria por si mismos y quienes no lo hacen son, al menos, un poco responsables de su situación.