En plena pandemia que azota mi país y el mundo, encontré la claridad mental para retomar mi blog... Curioso decirlo a estas alturas, debido a que el estallido social y posterior pandemia me dejo varios meses en una discapacidad mental de la que me costó sobreponerme, simplemente porque pensar en lo que ocurría me producía inmensas ganas de llorar y de quedarme escondida el mundo.
Antes de todo esto, yo era una trabajadora a tiempo completo en el servicio público, situación que me llenaba de orgullo, felicidad y enormes frustraciones, pero lo disfrutaba y se me pagaba buen dinero por ello por casi 5 años.
En el encierro de mi casa, y mi dificultosa inserción a la vida "independiente" como profesional, me diagnostiqué después de varios años, una perdida de la libertad de pensamiento.
Esta libertad de pensamiento hoy lo racionalizo como que las horas en las que trabajaba para el estado no sólo disponían de mi cuerpo físico (atendido a que pasaba promedio de 8 a 12 horas en la oficina dispuesta a realizar cualquier tarea que se me encomendara) sino que también la entera disposición de mis pensamientos...
Pensamientos, estos que todo el día e incluso algunas noches, eran dedicados exclusivamente a mi trabajo, a los problemas de mi servicio, a resolver las frustraciones que surgían para sacar adelante una política pública que, de todo corazón, me convencía como una forma de justicia social que podía ejercer desde mi humilde asiento y pensamiento.
Con el pasar de los días en mi casa, por la pandemia y el teletrabajo, descubrí que mis pensamientos retornaban a convertirse en algo propio, de lo que puedo disponer en todo momento. Que ya no era necesario utilizar a toda prisa mi hora de almuerzo para pagar cuentas, resolver temas domésticos, o simplemente planificar económicamente mis ingresos; tareas que eran ejercidas anteriormente "a la carrera" o de manera negligente de mi parte.
Creo que siempre pensé que el trabajo era algo que se ejercía desde lo físico, como estar físicamente en el trabajo y realizar las tareas como lo haría un maestro constructor, pero que no constituía una entrega desde mi ser profundo, situación que hoy me doy cuenta que durante mis 5 años a servicio del país no sólo entregué mis horas por contrato (sé que le quita profundidad a mi texto el hablar de horarios pactados y no respetados por mi empleador porque mi análisis va más allá del tiempo que le dedicaba a estar en la oficina) sino que entregué una parte profunda de mis pensamientos de manera sistemática y seria, donde mis propios problemas caían en una categoría residual que sólo era atendible en la medida en que mi trabajo y mi cuerpo me lo permitían.
Lo anterior, hoy entiendo, que me alienó totalmente de mi cuerpo... nisiquiera las necesidades básicas biológicas (Comer, dormir, ir al baño) tenían su propio momento, sino que se acomodaban a la necesidad de mi mente de responder a mis propias expectativas de mi trabajo.
Esta esclavitud de pensamiento me ha pegado fuerte... Nunca esperé sacrificar tanto por el sustento, y sentí una gran envidia por aquellos trabajadores que producen cosas con sus manos pero mantienen sus pensamientos libres del yugo de esta esclavitud.
En virtud de la paralización de los servicios públicos, y mi situación profesional de abogada, el trabajo decreció considerablemente y decidí comenzar a ayudar a mi pareja en lo que podía, él es un hombre que trabaja con sus manos en un rubro asociado a la mecánica automotriz, y sentí una libertad increíble en sentir nuevamente el sol diariamente en mi cara, el aire fresco y el contacto con personas en momentos de trabajo pero que se distienden conversando otras cosas mientras la labor se ejecuta.
Que envidia... Esta envidia me llevó a hacer un análisis crítico de mi carrera y de los pilares sobre la cual se sostiene.
Estudiar derecho y ejercerlo requieren necesariamente tener algún tipo de fe en el sistema donde se ejerce, ya que de lo contrario se vuelve un pozo de desolación donde tu percepción del estado se convierte en algo potencialmente peligroso para todos.
Me explico.... Estudias el sistema y navegas en él todos los días para poder trabajar, como parte de tu vida, como una forma de ver el país donde vives y el mundo, y con todo el sesgo político que viene desde el ser y la emocionalidad individual, lo interpretas y lo valores de manera moral, ética y vivencial.
Miras el impacto que tiene en la gente las decisiones que se toman a nivel nacional, ves a la gente tratar de surcar los mares álgidos de la burocracia nacional para tratar de proteger su familia, bienes y forma de vida.
Ves la miseria emocional y la contrastas con la miseria de la pobreza y desprotección de la gente, y te toca darle casi a diario malas noticias, debido a que el sistema no esta hecho para proteger a la gente, sino que ésta construído en base a las solicitudes de personas que están mas protegidos que todo el resto de nosotros para reforzar su poder sobre los bienes y el trabajo de la gente.
Mi socio de oficina (independientes ahora) es mas moderado en su pensamiento, sobre todo cuando yo le explico que "utilidades" no importa como trates de describirlo significa sacarle valor al trabajo ajeno y apropiártelo, probablemente soy tildada de comunista, roja, zurda, o cualquier otro peyorativo que se utiliza para denostar a quien cuestiona que un país produzca una cantidad de bienes y servicios con el trabajo de toda la población, pero que sólo algunos tengan acceso a ellos.
Me desvié (típico de mi).... Esclavitud de pensamiento, desde mi confortable ubicación como funcionaria publica todos mis pensamientos iban dirigidos a lograr con éxito el trabajo que en mi cabeza debe beneficiar a toda la población, pero a la vez me aleja de la población a la cual estoy dirigiendo los esfuerzos, porque me consume, no me permite pensar, criticar el fondo de las situaciones, me ahoga, me adoctrina en que la forma de solucionar es profundizar en burocracia estatal con la finalidad de "determinar necesidades" y "encontrar formas de satisfacerlas", esto siempre considerando que existen "aprovechados" que trataran de violentar el sistema ya sea desde la avaricia o desde la extrema necesidad que nubla la percepción del otro.
Esa percepción del otro que me estaba siendo negada, en gran parte por mi misma y por el estilo de vida que estaba llevando que no era concordante con quien realmente soy, que invalidaba mi pensamiento crítico de las situaciones reales para traducirlos a problemas "administrativos". Por poner un ejemplo, revisar los requisitos que cumple una persona para optar a un subsidio habitacional del gobierno, pero ignorando de manera burocrática de que la necesidad es real, existe hacinamiento, pobreza, violencia, pero al final del día te lleva a desconocer la realidad y transformarla en un mero trámite administrativo.
Desconocer la realidad.... Lo administrativo a excedido la realidad de justicia social. Lo que nos lleva a aceptar una respuesta que es "moralmente y éticamente negativa... pero legal", o sea todos sabemos que la respuesta es mala, injusta, inmoral, estúpida, irrelevante, contradictoria o inútil, pero legal y por tanto lo permitimos.
Y me voy a dormir con una falsa sensación de estar haciendo lo correcto pero no duermo porque se que no lo tolero y siento la pequeñez de mi intervención en el mundo y la fiereza de este sistema que me ata, me constriñe a trabajar utilizando las pocas herramientas que otorga y a mirar impávida la injusticia.
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