Cuando mis amigas adolescentes se iniciaron en la sexualidad y contaban sus historias de su primera vez, yo lo contrastaba con lo que decían mis amigos varones y sonaba a una pesadilla. La percepción que tenían las mujeres era diametralmente opuesta a la de los hombres.
Mis amigas se encontraban inundadas en temores y miedos asociados a su perfil social, como por ejemplo se estilaba recomendarse entre amigas la no realización de felaciones, debido a que si el varón receptor decidía divulgar dicha información no sería posible desentenderse del estigma asociado, situación similar sucedía con ciertas posiciones sexuales (como la penetración vaginal desde atrás con la mujer encontrándose a gatas) y no mencionar el tabú respecto al sexo anal. En general no había que demostrarse muy entusiasta ni conocida en el tema... O por lo menos fingirlo, para no exponerse a escarnio social.
Poco se conversaba de los dolores de la penetración, o de las incomodidades asociadas, ya que se asumía como algo inherente a la relación sexual.
Mi comienzo en la sexualidad fue temeroso... En parte porque los varones parecían parte de una facción enemiga que podía fácilmente destruir mi autoestima como consecuencia de una actividad (sexual) que claramente ninguna de mis amigas se atrevía a tildar de placentera y yo carecía de otros referentes.
Como consecuencia de lo anterior, me sentí mucho mas segura de descubrir los misterios de la sexualidad bilateral con mujeres, quienes fueron mis compañeras en el descubrimiento del placer sexual. En especial hubo una mujer en mi vida que convirtió la experiencia sexual en una actividad adictiva, totalmente placentera y ajena a todo dolor e incomodidad, y fuimos muy plenas por más de dos años probando absolutamente todo lo que podíamos hacer con nuestros cuerpos en la más completa libertad e intimidad.
Por supuesto nada es eterno, y mi compañera y yo nos separamos después de mas de dos años. Para mi gran sorpresa (y probablemente la de todos que me conocían) mi siguiente interés "emocional" fue un hombre del cuál me enamoré y desee con todas mis fuerzas que me correspondiera.
Logré su atención y comenzamos a frecuentarnos y conocernos (siempre en lo social, afectivo emocional) ya que aún éramos jóvenes y el no tenía muchas experiencias sexuales que añorar, lo que complicó un poco las cosas, ya que nunca mentí sobre mí misma, el sabía de mi pasado con una mujer importante para mí.
Afianzado los sentimientos, comenzó la exploración de esta nueva sexualidad, desconocida para mí, que hizo aflorar los temores de mi adolescencia.... ¿Qué pensará él sobre que hagamos esto o esto otro? ¿Puedo confiar en que no piense que soy una "suelta"? ¿Mi experiencia sexual lo intimidará?.
A los antiguos temores se sumaron nuevos, ¿Cómo se conversan estos temas?, ¿Se ofenderá si le pido que nunca comenté lo que hacemos en la intimidad o eso se da por sentado?
Cuando finalmente comenzamos a incursionar en actividades sexuales el carecía de toda formación, conocimiento, noción, o apoyo de algún tipo que lo guiara.... Por tanto comenzó un nuevo capitulo en mi vida que, para estos efectos, denominaré "incomodidad sexual".
En primer lugar... Nunca había sentido "dolor" durante el sexo, ni siquiera un poco. La penetración de un pene fue todo menos cómoda, imaginé que se debía a que "era mi primera vez" pero eso carecía de sentido, ya que en mis experiencias sexuales con mi anterior amante femenino también incursionamos con juguetes de diversos tamaños, por tanto al final del día no era el tamaño de la penetración. Siendo honesta.... ¿Cómo puede doler más la penetración de un pene que de un juguete plástico de dimensiones superiores?
¿Entonces que era?... Con el pasar del tiempo lo descubrí, era el momento. Yo no estaba preparada para esa dimensión en ese momento, sino que probablemente lo estaría en un momento posterior.
Cuando descubrí que el problema era el momento, fue peor.... Porque el cuerpo humano es mas honesto de lo que las personas nos atrevemos a pensar o comunicar, por tanto cuando llegaba el momento de la penetración mis músculos involuntariamente se contraían en la expectativa del dolor que mi cuerpo intuía se avecinaba, empeorando la situación. El momento de la penetración se convirtió automáticamente en mi momento menos favorito, y en mis peores días, en mi razón para no iniciar ningún tipo de aproximación sexual.
Con un temor bastante fundado de herir sus sentimientos, me tomó un trabajo mental el comunicar dicha situación y subsanar el momento incomodo. El proceso no estuvo exento de problemas, cuando mi cuerpo se tensaba y el ejercía presión, como olvidándose (convenientemente) de que un cuerpo receptivo no batalla, y que la batalla en ese ámbito debe ser siempre percibida y comprendida, yo me resentía o enojaba, porque después de experimentar relaciones sexuales sin dolor no hay vuelta atrás, nunca aceptarás que alguien disfrute a través de tu dolor, es injusto, es cruel y nunca debemos resignarnos. Pero lo logramos y en pocos meses mi cuerpo ya no temía el momento y era capaz de recibir la penetración en completo relajo y aceptación, y en consecuencia el dolor desapareció.
Superado lo anterior viene la expectativa del placer, ellos cargan con hartos estigmas también de una formación inexistente en el tema y se esperan los correspondientes orgasmos... Que siendo honesta durante un buen tiempo fueron sólo de él, situación que lo llenaba de frustración, esos eran los momentos en que comprendía porque se habla de mujeres que fingen orgasmos, a veces el amor te lleva a tratar de evitarles ese daño pero termina causando uno peor.
Mi frustración por una vida sexual semi satisfactoria, fue bien encubierta con harta comprensión y apelando internamente a todos mis sentimientos por él y en la honesta expectativa de mejora.
Tuvimos profundas conversaciones respecto a las reacciones del cuerpo, que después del relajo en la penetración, la tensión es buena, bienvenida, y conduce al orgasmo. Que los ritmos deben acompasarse, para llegar a "nuestro ritmo", que no es de él y no es el mío.
Creo que lo más difícil de abordar, es la eyaculación precoz, y en este momento analicémoslo desde lo mas literal del concepto... "Eyacular antes de lo esperado", lo digo de esta forma debido a que un coito de 1 hora puede ser insatisfactorio si no hay conexión o se eyacula en el momento previo al orgasmo femenino y no se subsana con alguna actividad posterior que lo consiga.
Me di cuenta, que como el era inexperto, la eyaculación precoz era su mayor temor y por tanto incurría a cuanta estrategia pudiera darle seguridad, situación que nuevamente trajo inconvenientes...
Noté que en instancias el se "perdía", me refiero a que trataba de pensar en cosas no sexuales o incluso contrarias al sexo, para retrasar el momento de la eyaculación, y eso me sacaba totalmente del momento y la sensación de goce. Cuando eso ocurría, él no "daba en el clavo", pasábamos de estar en un coito donde cada estocada era preciosa, totalmente sincronizada, nuestros músculos tensos como un orgasmo que se sostiene en el tiempo, a algo completamente mecánico que retrocedía el tiempo a un momento muy anterior al goce.
Situación que a todas luces carece de sentido.... El no me estaba haciendo un favor retrasando su orgasmo, estaba arruinando un momento precioso, que daba lo mismo si el terminaba antes porque si eso ocurría, a veces con tan sólo un par de toques o alguna actividad muy reducida posterior el orgasmo de él, era 10 veces mejor que construirlo de cero.
La eyaculación previa al orgasmo femenino no es esencialmente insatisfactoria, siempre y cuando sea ese el momento en el que ocurre y pueda terminarse en un buen orgasmo de ambos. Pero para conseguirlo hay que sentir cada respiración y cada músculo contraído, no huir de eso por temor a avergonzarse a sí mismo.
Lo anterior... tomó mucho más trabajo. Era dejar atrás la idea preconcebida del sexo, aunque la batalla no terminaba ahí.
Mis cuestionamientos fueron mas allá..... En cada encuentro sexual ¿Debe necesariamente haber penetración ?.... Es la gran pregunta que creo continuó a este crecimiento en lo sexual. ¿Puedo llevarte al orgasmo mediante otro método distinto que no signifique introducir el pene en la vagina y después llegar al orgasmo mediante otro método, sin que sintamos que no tuvimos relaciones sexuales?
Creo que fue lo más difícil de abordar debido a mi pasado sexual con mujeres, tuve mucho miedo a que el pensara que no lo deseaba, o que no estaba satisfecha con él como hombre y añoraba el sexo con mujeres. Pero no se trataba de eso, sino que de la liberación, de no seguir rutas preestablecidas que conduzcan siempre a lo mismo, sino que conseguir el placer de todas las formas posibles.
La sexualidad sigue siendo un tema complejo y cuesta desde lo personal asumir el problema como tal para resolverlo, probar eventuales caminos de solución, para con posterioridad comunicarlo de la manera adecuada, que lejos es la parte más difícil.
Me digo a mi misma "no debo resignarme a una mala sexualidad", "no debo permitir que mis miedos nublen lo que siento", "debo ser capaz de decir lo que siento, "no debo herir los sentimientos de mi pareja al comunicarlo", "debo confiar en quien comparte mi cama o debo dejarlo", "debo pensar siempre en como sentirme mejor y hacer sentir mejor" y por último "NO DEBO CONFORMARME CON MENOS!".
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